Ser uno mismo es el antídoto para no estar perdido en la vida sin autenticidad. La pregunta es ¿cuáles son las señales de que estás (o no) siendo tú mismo?

La pregunta parece absurda pero es fácil acabar viviendo una vida que no es la tuya. La autenticidad de ser uno mismo no es fácil. Yo iba de camino a ello. Tenía trabajo asegurado en un negocio familiar y carrera universitaria acordada con mis padres.

Afortunadamente algo en mi interior me decía que no. Una incomodidad me acompañaba. Sentía que mi sitio era otro aunque no sabia cuál y me daba miedo lo desconocido.

Ahora sé que eso que me pasaba a mi le pasa a muchas personas. Esto no quiere decir que sean como zombies con el cerebro lavado. Puede ser que simplemente haya ciertas áreas de su vida que no están siendo decididas por ellos, sino que están viviendo según expectativas ajenas.

Por que no nos engañemos, es muy fácil acabar tomando pequeñas decisiones que poco a poco nos alejan de nuestra voluntad. Decisiones tomadas para complacer a los demás, para evitar la confrontación o basadas en darle a los otros una autoridad que nos negamos a nosotros mismos. También nos afectan las elecciones tomadas desde la falta de auto-conocimiento o influenciados por experiencias del pasado que ya no se ajustan al presente.

El resultado en todo caso es el mismo. No te reconoces. Falta autenticidad en tu vida. Te sientes insatisfecho y no sabes cómo salir de ahí; o lo sabes, pero te da miedo hacerlo.

 

Inclinaciones y tendencias

Hay que entender que cada persona tiene sus propias inclinaciones y tendencias naturales. Entre hermanos es fácil de ver: ante la misma educación y oportunidades cada hermano tira en una dirección distinta.

Tu no eliges lo que te gusta. Las inclinaciones no se escogen, simplemente se manifiestan de forma natural y espontánea.

Lo sano es crecer para que tu carácter personal dé cabida a dichas inclinaciones y les permita manifestarse. Es entonces cuando tu sentido de identidad consciente está alineado con lo que podríamos llamar tu esencia o forma natural de ser. No te frenas ni limitas por miedo a lo que digan los demás. Tomas tu sitio en el mundo.

Cuando eres el protagonista de tu vida te atreves a realizar los actos que tu interior te pide.

Te acompañan un alto grado de energía, de espontaneidad y de alegría interior. Si no hay estos tres elementos, es que no estás siendo fiel a ti mismo. Esto no quiere decir que tu vida sea perfecta. Te arriesgas igualmente a meter la pata, tendrás retos pero sentirás que estás en tu sitio a pesar de ellos. Esta es otra señal inequívoca, personal y subjetiva. ¿Te sientes en tu sitio?

 

La prioridad de los primeros años de vida

Si de niños o adolescentes tu voluntad fue relegada a un segundo plano, sutil e inconscientemente no te quedó más remedio que desconectar de parte de tus inclinaciones y tendencias.

Porque lo que más quiere un niño, su prioridad número uno, es sentirse aceptado, protegido, querido. Y si para lograrlo ha de desconectarse de una parte de si mismo, lo hace.

La otra opción a su alcance es la de rebelarse y ser la oveja negra. Pero en el fondo esto no deja de ser una reacción que le lleva a exagerar sus tendencias, apartándole igualmente de su centro natural.

 

El cansancio y la angustia de no vivir tu vida

Para intentar ser como alguien más, necesitas grandes cantidades de energía. Da igual que intentes ser como tu padre, hermana, o como esa mujer u hombre perfecto de la publicidad, necesitas energía para aparentar y para reprimirte.

Cuando intentas aparentar te condenas a experimentar cansancio. Puede que no sepas de dónde viene, pero ahí está. Te puede pasar que quieras constantemente descansar, que vayas falto de energía. También podrías desear estar solo para poder dejar de esforzarte en ser lo que no eres.

Otra parte de la energía se gasta reprimiendo tus impulsos naturales. Esto te lleva a mantener el cuerpo tenso para reprimir los actos que de forma espontanea harías si fueras fiel a tu interior. Aunque que no registres dicha represión, tu cuerpo sí lo reconoce tal como demuestra la bioenergética.

Lo irónico es que dichas fugas enormes de energía no te acercan a tu objetivo. Son solo un parche.

En los momentos en que la sombra de duda cuestiona tu autenticidad real, la angustia es inevitable. Podrás taparla con algo que la adormezca, desde salir corriendo a hacer compras compulsivas, hasta consumir sustancias narcóticas. O podrás afrontarla.

 

Una segunda oportunidad: la búsqueda de identidad

Como decía Carl R. Rogers: “En el extremo opuesto a la desesperación se encuentra desear ser el sí mismo que uno realmente es; en esta elección radica la responsabilidad más profunda del ser humano”.

Un adulto tiene los elementos necesarios para retomar las riendas de su vida y volver a ser auténtico. El problema es que para entonces el sentido de identidad ya está instaurado con sus luces y sombras, confundiendo con facilidad lo «conocido» con lo «natural».

Cuando ya te has acostumbrado a ser como crees que eres, re-encontrarte implica un proceso de búsqueda interior que te saca de tu zona conocida.

Luchar por ser tu mismo es un mal trago que vale la pena atravesar cuando te sientes perdido.

Cuando avanzas hacia ser tú mismo no le gustarás a todos, pero cada vez te gustarás más a ti mismo. Tu entorno en general se podrán sorprender, incluso se pueden desilusionar, pero tu amigo mío, estarás encantado con tu yo natural.

Te preguntarás por que no te hiciste caso antes. Los miedos, los “debería”, los “no debería” y el temor a lo que digan los demás no te frenarán igual que antes.

Los que quieran que sigas siendo como antes te intentarán convencer. Los que entiendan que no estás vivo para complacerles, sino para vivir tu vida, te aceptarán y seguirán a tu lado.

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