Complicaciones y tensiones constantes en nuestras relaciones; recreaciones sin sentido de situaciones del pasado (añoranzas, rencores, heridas abiertas); sensaciones perjudiciales sobre el presente o el futuro que no nos dejan vivir el presente (neurosis, miedos, obsesiones); complejos personales o falta de confianza etc., etc., son algunas de los problemas que se pueden mejorar gracias a la terapia.
Desafortunadamente para nosotros, sin darnos cuenta nos acostumbramos a que esta clase de problemas estén en nuestra vida mermando la felicidad y la satisfacción, incluso la salud y el desempeño profesional.
Con frecuencia, por mucho que nos quejamos de dichos problemas no acabamos de intentar solucionarlos de verdad pues nos escudamos en argumentos que utilizamos como excusas para perpetuarnos en una actitud pasiva. Por ejemplo, nos decimos:
“ESTO NO SE PUEDE SOLUCIONAR”
Mientras que no hagamos nada al respecto seguro que no. La solución de muchos problemas personales comienza por que uno mismo cambie algo en su interior. Esto lo sabemos instintivamente, pero a nivel consciente continuamos proyectando que el problema está solo en lo externo, eludiendo así la responsabilidad.
En la terapia gestalt se le da mucha importancia al reconocimiento y apropiación de las proyecciones, pues solo así uno crece en responsabilidad.
“TODO EL MUNDO TIENE PROBLEMAS”
Pues claro que sí, pero que el vecino también tenga problemas no es motivo para que yo no haga nada por solucionar los míos. Se trata de una desviación, ya que desvía la atención de mi problema y me permite justificarme.
La frase en ocasiones contiene otra trampa ya que no diferencia entre los problemas temporales y los crónicos: todos experimentamos problemas, cierto, pero no es lo mismo que sean temporales a que parezca que se hayan instaurado en nuestra vida.
“EN EL FONDO NO ES TAN GRAVE”
Frase por excelencia que usamos para escurrir el bulto y no contactar de verdad con la búsqueda de una solución. Lo curioso es que la frase a veces coexiste con horas de quejas y lamentación, para luego acabar auto-engañándonos con este argumento.
Para la terapia Gestalt este es un ejemplo de desvalorización (del problema), el cual impide entrar verdaderamente en contacto con el tema en cuestión con una confrontación abierta: “a ver ¿en qué quedamos pues?, ¿te está dificultando la vida o no tanto?”
“QUE EMPIECE PRIMERO EL OTRO”
Ya que muchos problemas se generan en la interacción, incluso en las ocasiones cuando vemos que la solución está en nuestras manos acabamos usando este argumento para mantener una actitud defensiva o de desconfianza hacia lo que hará la otra persona al respecto.
Cuando uno finalmente entiende que no se trata de lo que hace el otro, entonces reconoce la responsabilidad y da el primer paso hacia una acción valiente, concreta, que comience a deshacer el nudo, sin importar en absoluto lo que haga el otro.
“NO SE CÓMO SOLUCIONARLO”
Esta respuesta sirve para justificar en la ignorancia el no hacer nada. Hace ver que se quiere solucionar el tema pero que no es posible, dejándonos en una situación de aparente indefensión (proyección).
Contiene la idea de que para ponernos pro-activos es necesario saber a ciencia cierta lo que hay que hacer, lo cual es una trampa ya que, como nos enseña el coaching en última instancia no hay que “saber”: hay que estar dispuestos a experimentar y a aprender aunque sea por medio del acierto -error.
Otro recurso para salir de este “no saber” es pedir ayuda a personas especializadas en estos temas (terapeutas, psicólogos, consejeros…) que te pueden ayudar a ponerle hilo a la aguja.
Seguramente has escuchado o te has oído decir otras justificaciones similares. Claro, por justificaciones no va a ser, esto es solo ¡un pequeño muestrario!
La cuestión de todo esto es lo que da nombre al artículo, es decir, solo “cuando estés harto”, bien, bien harto de vivir enredado en esos problemas y situaciones, tomarás una actitud comprometida, resolutiva y sincera para acercarte a una solución.
Solo desde ahí se tiene el valor para:
- Reconocer la responsabilidad
- Poner todos los medios en juego
- Darle al problema todo el peso que se merece
- Perdonar y pedir perdón
- Mirar lo verdaderamente importante y dejar pasar lo superfluo
- Olvidar lo que hace o deja de hacer el otro
Mientras no se sienta esta fuerte determinación, uno sigue enredado ahí en los problemas y solo uno sabes si, incluso, “jugando” con ellos.
Si quieres conocer más sobre como la terapia gestalt puede ayudarte, aquí tienes más información.




