¿Por qué tener conocimientos técnicos y buenas intenciones no es suficiente al ayudar a los demás?

como ayudar a alguien segun la terapia gestalt

Ayudar a alguien no es tan fácil como parece porque, como dice el refrán, se…

Ayudar a alguien no es tan fácil como parece porque, como dice el refrán, se mezcla el “hámbre con las ganas de comer”

Ya sea que seas terapeuta, doctor, educador, orientador, coach, o cualquier otra profesión similar, como profesional especializado, puedes estar lleno de conocimientos y buenas intenciones, pero eso no siempre será suficiente.

No lo es porque además de los conocimientos técnicos, también es importante saber adecuarte al ritmo del otro, poder gestionar las emociones que se manifiestan, tener una verdadera comunicación, y evitar proyectar inconscientemente tu forma de pensar a la otra persona. Pero estas cosas nunca nos las han enseñado.

La persona que está ante ti, ya sea un paciente, cliente, usuario o consultante, no necesita que le impongas tu ritmo, ni que bajes en nombre de la empatía al mismo estado emocional donde ella o él se encuentran, así como tampoco necesita que seas el más inteligente de todos los profesionales.

Lo que necesita es un contacto real que le haga sentir acompañado; que le lleves a ampliar su propia conciencia, y unos aprendizajes que le den recursos para gestionar su presente.

Esto lo puedes aprender con el enfoque de terapia Gestalt.

 

Formas de ser

Tu forma de ser es el lugar donde comienzan a aparecer ciertos peligros. Estos se deben a que estás totalmente acostumbrado a ti.

Estás acostumbrado a tu forma de ser por lo que no te das cuenta de los sesgos de tu lógica.

 

No ves con neutralidad tus inclinaciones, tus puntos débiles ni fuertes.

Eso no quiere decir que no seas coherente. ¡Claro que lo eres! Es más, estoy seguro que dentro de tu propia lógica eres coherente con tus experiencias pasadas, con tus conocimientos, en tu forma de comunicar y de gestionar tus emociones. Sin embargo, te guste o no, esa coherencia solo la entiendes plenamente tú: solo te sirve a ti.

No le sirve a nadie más.

Así que cuando te pones delante de alguien que te pide ayuda, consejo o acompañamiento, lo que normalmente sucede es que le proyectas tu interior, moviéndote dentro de los límites de tu lógica.

Esos límites te empujan a:

  • Dar unas respuestas y a omitir otras que están fuera de tu foco de atención.
  • Promover unas emociones y a censurar las que no sabes gestionar o te incomodan.
  • Justificar unas creencias basadas en tu historia personal -que no tienen nada que ver con la otra persona.
  • Avanzar al ritmo que solo tú necesitas y que te sale de forma natural.
  • Caer en un tipo concreto de comunicación que puede ser diferente del que utiliza la otra persona.

Si volvemos al refrán de “se junta el hambre con las ganas de comer”, estas ganas de ayudar, teñidas por la tendencia inconsciente de proyectar tu interior al cual estas acostumbrado, es “el hambre”.

 

La otra persona

Ahora piensa por un momento en la persona que tienes delante.

Se acerca a ti porque necesita ayuda. No logra solucionar su problema a pesar de que lo ha intentado desde su propia lógica y con su mejor actitud. Pero no avanza como le gustaría, o de plano, no sabe qué hacer.

Ella o él tiene las “ganas de comer”, es decir, las ganas de solucionar su problema.

 

No es de extrañar que cuando finalmente pide ayuda, ya se está sintiendo muy perdida, frustrada y con las emociones a flor de piel. La suma de todo hace que esté vulnerable y que se ponga en tus manos, dispuesta a ceder a lo que tú le propones, no por convencimiento, sino por fragilidad. Como dice el refrán, “en un reino de ciegos, el tuerto es rey”…

Entonces lo que comienza a suceder es que se genera una relación donde se mezcla “el hambre” (tus ganas de ayudar sesgadas por tu lógica) con “las ganas de comer” (las ganas del otro de solucionar su problema desde la vulnerabilidad).

Así que ahí estás, delante del otro. Uno con ganas de ayudar y otro con necesidad de ser ayudado, como un profesor de baile ante su estudiante.

 

Un baile entre dos

Ayudar a alguien es como enseñar a bailar.

El que asiste a clase no va a aprender a menos que comiencen a moverse (es decir, que hagan un trabajo personal) aunque le cueste. Si desea aprender a bailar (estar bien consigo mismo) tiene que salir a la pista de baile (exponerse), pero de nada le sirve que te pongas a darle instrucciones complicadas o que le exijas más de lo que puede hacer.

Al bailar no quieres pisarlo. Tampoco quieres marearlo con piruetas, ni hacer que se sienta incómodo bailando con una música que le desgrada pero que a ti te gusta.

Para avanzar en el aprendizaje (la superación de las dificultades), ambos se han de coordinar para moverse en armonía, aunque sea con los pasos de baile más básicos que existan, porque si no le pides que se mueva, no gana habilidad; pero si le impones tu forma de ser o te comunicas mal, haces que se sienta incómodo y termine abandonando las clases.

Cuando ayudas a alguien a atravesar un mal momento, quieres encontrar el paso adecuado que pueda sostener hasta superarlo.

 

Para eso tienes que conocer su mundo interior, inspirarle confianza, crear un espacio seguro donde se sienta escuchado y donde se permita abrir su interior.

Para eso necesitas lo que mencionaba al inicio: una comunicación no invasiva y un contacto real que le ayude a ampliar su propia conciencia con nuevos aprendizajes. Si no hay esto, solo con conocimientos técnicos o con consejos, no se logra hacer un trabajo sostenible.  

 

EL ENFOQUE DE LA TERAPIA GESTALT

Aprender el enfoque de la terapia Gestalt te asegura evitar caer en el juego del hambre y las ganas de comer, al mismo tiempo que te enseña a saber llevar a una persona en un baile respetuoso.  

Es un enfoque terapéutico humanista, que pone el peso principal en las experiencias y no sólo en el discurso mental. Trabaja desde el amor y el respecto por la otra persona.

Pone especial atención en la auto-observación y en la auto-gestión, ya que la primera permite encontrar la autenticidad personal y la sanación, mientras que la segunda facilita la capacidad de encontrar equilibrio entre nuestras necesidades y los elementos externos que nos afectan (personas, circunstancias etc).

Conocer este enfoque, te ayuda a comunicarte sin proyectar. En cambio, a tu interlocutor le ayuda a ganar conciencia y asumir la máxima resposabilidad sobre su propia vida, sin esperar que nadie venga a solucionar sus dificultades.

Recuerda, cada persona tiene su propia lógica que le condiciona. Tú también tienes la tuya. Aprende a ir más allá de ella e incorpora los conocimientos que mejoran tus resultados.

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