Si ya dominas una profesión o una especialidad con la cual prestas ayuda a los demás a la hora de solucionar conflictos, recuperar su salud, fomentar su desempeño o crecimiento personal, tal vez te preguntes qué tanto te sirve aprender las bases del enfoque gestáltico.
Yo no te daré la respuesta. Quiero que te la des tú misma o tú mismo, ya que esa será la conclusión válida para ti.
Eso sí, antes déjame recordarte que, por desgracia, ni en la escuela ni en las universidades nos han enseñado cosas como por ejemplo: cómo ayudar a alguien a gestionar sus emociones, uso de las polaridades para solucionar conflictos, cómo fomentar una mayor conciencia personal, uso del lenguaje creativo para el autoconocimiento, etc.
Aprender las bases de la Gestalt en el CURSO ONLINE, te permite cuidar todos los aspectos que entran en juego en una relación donde uno ser ayuda a otro, ya que te enseña a:
Llevar a tu interlocutor a ganar conciencia en sí mismo. De poco sirve que le digas a una persona lo que le sucede o lo que debe hacer. Tiene infinitamente más valor que la persona se dé cuenta por sí misma, gracias a la ampliación de su conciencia.
Para lograr eso, debes dirigir su atención- por medio de distintos recursos gestálticos- hacia esas áreas que estaban pasando desapercibidas. De esta forma, la persona logra descubrir lo que antes estaba oculto a su conciencia, y a continuación, puede actuar con coherencia.
Saber gestionar las emociones que se despiertan. Una limitada inteligencia emocional es contraproducente a la hora de querer ayudar, ya que te lleva a hacer una mala gestión de la emoción que se está despertado en el otro (o en ti).
Cuando aprendes a responder ante los sentimientos que se manifiestan, sin querer taparlos o minimizarlos, puedes fomentar que se haga lo que mayor beneficio emocional genera.
Promover que la persona tenga aprendizajes vivenciales. La Gestalt te enseña a llevar a la persona a experiencias vivenciales nuevas, para que así su aprendizaje tenga implicaciones reales que le hagan avanzar favorablemente.
Estas vivencias valen más que mil palabras: son la base fundamental de un cambio auténtico.
Reducir el diálogo interior que te impide escuchar. Desafortunadamente, es común que las personas vayamos mentalmente aceleradas, metidas en un pensar sin parar.
Sólo cuando tomas distancia de tu diálogo interior, el ruido de tu cabeza se reduce y deja de interferir en la conversación creando distorsiones que dañan al acompañamiento.
Poner atención a lo que acontece en el aquí y ahora. Si vas mentalmente acelerado además de no escuchar, estás perdiendo de vista lo que sucede en el presente. De esta forma desaprovechas información valiosa que se manifiesta en el cuerpo, en la mirada o en la forma de relacionarse de la persona que tienes delante.
Al aprender a atender lo que sucede a nivel no-verbal, puedes usarlo en beneficio del proceso de ayuda.
Saber usar lo que estás sintiendo al estar delante de la persona. Esto es lo que se llama la resonancia. Se trata de un elemento sorprendente que te enseña la Gestalt, el cual te permite vincularte desde un nivel sensorial.
Gracias a esto, tu acompañamiento gana en asertividad y logras explotar una habilidad que casi siempre es desaprovechada.
No proyectar tus propias preferencias e historias hacia el otro. Esto lo hace la gente, o bien sin darse cuenta, o bien en nombre de la buena intención. Sea cual sea la razón, en ningún caso funciona ya que sólo condiciona a la otra persona.
Saber dar un espacio “vacío” para que la gente se exprese desde su autenticidad, sin condicionamientos, da a la relación un contexto de profundo respeto.
Profundizar en el mundo interior del otro para recopilar información necesaria. Las prisas son malas compañeras que pueden llevarte a la precipitación a la hora de sacar conclusiones o de buscar soluciones.
La Gestalt te enseña a buscar información emocional, relacional, mental, del presente o del pasado, para poder hacer la mejor intervención posible.
Determinar el mejor ritmo de avanzar a la hora de prestar ayuda. Cada persona necesita ir a un ritmo diferente para observarse, conocerse, expresarse, darse cuenta de lo que siente y necesita para estar mejor.
Respetar el ritmo ajeno, es una manera amorosa de caminar junto a alguien.
Llevar al otro a tomar la responsabilidad de sus decisiones y acciones. En ocasiones la persona que ayudas quiere inconscientemente proyectar hacia ti -o hacia los demás-, la responsabilidad que solo está en sus manos.
Si te cuesta detectar esto cuando sucede, ni sabes devolverle la responsabilidad, se va mermando tu poder de ayuda, al tiempo que tú te frustras y se va contaminando la relación entre ambos.
Saber cuidar la relación ya que es lo más importante. Si desde el inicio de la relación sabes generar la mejor conexión posible, con una “mirada” que haga a la persona sentirse vista, escuchada y respetada, todo lo que suceda a continuación podrá ser bien conducido a pesar de las dificultades que surjan.
Tener un alto grado de tacto, de sinceridad y de valores dominando cada momento de la relación, genera un vínculo que sólo con conocimientos técnicos no se puede crear.
Estas son algunas de las razones principales por las que creo humildemente que es tan útil añadir las bases de la Gestalt a tus conocimientos actuales si te dedicas a ayudar a las personas.
¿Qué te ha parecido? ¿Te gustaría aprenderlo?
Si eres una persona inquieta, de esas que buscar ampliar sus aprendizajes para estar aún más capacitada o capacitado, y, si y solo si, sientes que tiene sentido para ti aprender estas bases, conoce los detalles del curso “Recursos de Terapia Gestalt” específicamente pensado para gente que ya se dedica a ayudar a los demás en el camino hacia su bienestar.




