Si te planteas hacer terapia Gestalt, te gustará mucho saber cómo son los ejercicios terapéuticos de la Gestalt con el contacto, las polaridades y el trabajo cognitivo como herramientas principales.
En la primera parte del post explicaba qué son las dinámicas de gestalt (o ejercicios gestálticos), cuál es su finalidad, y unos ejemplos de ejercicios corporales, creativos y emocionales.
Lo que pretende la terapia gestalt, es no quedarse sólo en las palabras, hablando hasta el agotamiento del tema que te trae a consulta, sino hacer dinámicas para trabajar en terapia individual que te aporten experiencias vivenciales que promuevan tu conciencia, cambios en tu vida y la obtención de nuevas habilidades.
Veamos ahora ejemplos de otros tipos de dinámicas gestalt que le puedo pedir a la gente que haga, ya sea en sesiones de terapia individual o en grupos.
Recuerda que las dinámicas de gestalt no provienen de un catálogo cerrado; las opciones son infinitas. Se pueden crear dinámicas sobre la marcha, siempre y cuando tengan la finalidad de llevar a la persona a ganar autoconocimiento y/o a descubrir nuevas posibilidades de respuesta ante sus problemas.
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DINÁMICAS DE CONTACTO
El contacto físico y visual que hacemos con los demás, es un termómetro que indica muchas cosas sobre nuestros pensamientos y emociones a la hora de relacionarnos. Detrás de esa forma específica de contactar, están implicadas nuestra confianza personal, el grado de espontaneidad que nos permitimos tener, la capacidad que tenemos de «entregarnos», la gestión de nuestros límites, la forma en que percibimos a los demás, etc.
En la terapia Gestalt estamos entrenados para observar el tipo de contacto que hace la persona y para poder proponer dinámicas al respecto. Serían similares a los ejercicios corporales que expliqué en el post anterior, pero con la diferencia significativa que el terapeuta participa activamente en la dinámica.
Antes de seguir, sirve aclarar que la persona que está ante el terapeuta, se comporta con él o con ella, de la misma forma que se comporta con quienes interactuan en su vida diaria. Los mismos mecanismos de comunicación y de comportamiento entran en juego, así que, ¿por qué no usar la relación terapéutica para ayudar al individuo a ganar consciencia y apertura al cambio?
Imagina alquien en terapia individual que dice sentirse ignorada, al mismo tiempo que establece poco contacto visual. Un ejercicio que se podría hacer, es invitarla a mantener el contacto visual.
No sería de extrañar que cuando se «despierten» sus sensaciones asociadas al contacto visual, la persona pueda dar respuestas tan diferentes que vayan desde el «darse cuenta» que siente ganas de esconderse cuando la miran (contradicción); el recordar cómo se sentía al ser mirada por un progenitor (huella del pasado); sentir su necesidad emocional de ser vista; o cualquier otra respuesta que se haya activado con el ejercicio.
Recuerda que con las dinámicas gestalt no hay resultados correctos o incorrectos.
Lo importante es que algo se mueve gracias al ejercicio. Trabajando solo desde lo verbal, no se hubiera llegado a esa experiencia. Gracias a ella, ahora hay sobre la mesa una información distinta, con la cual seguir trabajando el tema de sentirse ignorada.
Para otra persona distinta, el ejercicio de contacto podría ser físico, por medio de la exploración, para que se de cuenta de las emociones o sensaciones que se le activan:
¿Qué sientes si te sostengo la mano?, ¿con qué te conecta?
¿Qué te pasa si me siento a tu lado?, ¿cómo lo vives?
¿Qué se te mueve si te propongo darte un abrazo?
Ejercicios tan simples como estos, pueden generar descubrimientos sorprendentes sobre los condicionamientos que llevamos dentro.
Como ves, la conversación al trabajar con la persona es muy abierta. El propio terapeuta tiene que tener trabajada su propia capacidad de contactar, de lo contrario habría una interferencia que tiraría por la borda el ejercicio. Además hay una serie de cosas a tener en cuenta sobre la confianza y la forma en que presentas la dinámica para que, pase lo que pase, sea un experimento fructífero.
Para que tengas un ejemplo de dinámicas de gestalt de grupos usando el contacto, un ejercicio podría ser pedir que las personas vayan caminando por la sala hasta decidir ante quién quieren detenerse para primero establecer contacto visual, luego hacer contacto pausado con las espaldas, luego volverse a girar frente a frente y dejarse sentir el tipo de contacto que quieren hacer para despedirse -un abrazo, una guiño, una inclinación de cabeza, etc., antes de pasar a repetir la misma secuencia con alguien más.
De esta forma se gana consciencia sobre dónde están sus límites de contacto, qué se permiten hacer y qué no, con quién sí y con quién no, según lo que cada interacción haya despertado en ellos de forma vivencial (recuerda, esto es clave y hace uníco a esta forma de terapia).

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DINÁMICAS DE POLARIDADES
Las polaridades representan todo el espectro de comportamientos y sentimientos que las personas podemos experimentar. Las polaridades están formadas por grados de opuestos en los extremos y por grados intermedios.
Para que lo entiendas con facilidad, los polos opuestos serían el blanco y el negro, y los grados intermedios las distintas tonalidades de grises. Por nombrarte polaridades, piensa en miedo/valentía, amor/agresividad, pro-actividad/pasividad, empatía/indiferencia, alegria/enfado o en aceptación/rechazo.
Ahora bien, todos tenemos una relación con las polaridades y sus extremos. En algunos casos nos llevamos bien con ellas, pudiendo expresarnos desde un extremo u otro. En otros casos nos llevamos mal, lo que hace que estemos «inclinados» a actuar solo desde uno de los dos.
Lo sano para la terapia Gestalt es podernos comportar desde cualquier extremo de tal forma que tengamos a nuestro alcance un amplio abanico de posibles respuestas para utilizar según la circunstancia que vivimos.
Si alguien no se lleva bien con la pasividad, estará todo el día activo llenando su día de mil cosas por hacer. No sabrá estar descansando, recuperando fuerza en un momento de «no hacer nada». Esto le genera un desequilibrio.
Cuando una persona no sabe demostrar y exponer su enfado, estará empujando a poner cara de felicidad, aunque su realidad interior será distinta. Tendrá una mala relación con el enfado, el cual no sabrá mostrar a pesar de que en ocasiones le sobran razones para ello. Esto a la larga genera conflictos.
Cuando una dificultad de este tipo se hace evidente en terapia, la idea de las dinámicas gestalt es llevar a la persona a contactar experimentalmente con ese lado de la polaridad no permitida. Gracias a la seguridad que ofrece el espacio terapéutico, dicha experimentación es segura, sin juicio, incluso lúdica.
Por ejemplo, imagina una persona que es muy crítica consigo misma y que le cuesta reconocer las cosas que hace bien. En términos de polaridad, podriamos decir que es alguien «inclinado» a la exigencia y alejado de la complacencia. En terapia se le puede llevar a que escuche al terapeuta listándole las cosas buenas que ve en esa persona, expresándole palabras de admiración. De esta forma, se le hace experimentar el dejarse “tocar” por lo que él o ella se niega a reconocer.
A partir de ahí, según responda, se sigue trabajando la polaridad, acompañando a la persona para que le de más espacio en su vida al reconocimiento de las cosas que hace bien y son admirables. Para ello, puedes pedirle que las diga a si mismo para que comience a acercarse a ese extremo por decisión propia.
En cambio un ejemplo de dinámicas de gestalt de grupos usando las polaridades sería, por medio de grupos de tres personas, pedirle que una persona actúe un juego de rol desde un polo, digamos el de la valentía. Otra persona actúa el rol del extremo contrario: el miedo. Y en cambio la tercer persona será el testigo que permanecerá observando qué le sucede interiormente cuando ve ante si la representación de los dos polos, ¿dónde se siente más identificada?, ¿en el miedo?, ¿en la valentía?, ¿qué siente?, ¿qué juzga o piensa al respecto?
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DINÁMICAS GESTALT COGNITIVAS
Son todos aquellas donde se promueve, por medio del pensamiento o la reflexión, los objetivos de la terapia. Si te das cuenta, la propia conversación terapéutica es un ejercicio cognitivo (mental), pues invita a reflexionar de una forma ordenada (muy distinto de cómo pensamos de forma desordenada).
Aún así, por medio del uso correcto de preguntas, de listas de cosas por escribir o de dinámicas para trabajar en terapia individual, se puede poner énfasis en lo cognitivo.
Por ejemplo, gracias a las preguntas se promueve que alguien piense fuera de su marco habitual y que mire hacia direcciones que normalmente escapan su consciencia.
Preguntas como «¿qué es lo que estás evitando?», «¿qué es lo que logras cada vez que actuas así?», «¿en qué otro momento del pasado te ha sucedido esto?», «¿con quién más te sientes de esta manera?» son ejemplos de preguntas que obligan a mirar hacia una dirección a desatendida, por lo que es habitual que faciliten descubrimientos de gran utilidad.
También existen formas concretas de conversar para favorecer que la persona sea consciente de lo que está diciendo, para que se apropie de lo que dice o para que lo escuche desde afuera.
Las listas donde escribir algo relacionado a su conflicto durante la misma sesión, son otro camino hacia el autodescubrimiento experimental que fomentan la responsabilidad personal.
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Como puedes ves son muchos los tipos de dinámicas o ejercicios que se utilizan durante la terapia individual o de grupos. En estos dos artículos los hemos agrupado en ejercicios de polaridades, de contacto, cognitivos, corporales, emocionales y creativos. Sin embargo existen otras formas de clasificarlos, y por supuesto, existen decenas de ejercicios que puedes hacer dentro de cada grupo.
En cualquier caso, todos apuntan a aumentar la consciencia, la apertura al cambio y la capacidad de encontrar un equilibrio entre las necesidades internas y las exigencias del entorno. Al fin y al cabo, de eso se trata el bienestar.
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