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la inutilidad de pensar demasiado

La inutilidad de pensar demasiado; cómo calmar la mente

Intentar solucionar los problemas por medio de la estrategia “pensar sin parar” puede tener pésimas consecuencias ya que el pensamiento es un arma de doble filo. Pero ¿cómo salir de su inercia?

El pensamiento está sobrevalorado. Creemos que por pensar mucho vamos a ser más inteligentes, que vamos a lograr nuestros propósitos y encontrar solución a todos los problemas. Pero no es así.

Vivimos en una sociedad excesivamente intelectual. Afortunadamente ya se habla de otros tipos de inteligencia, como la emocional, la artística o la interpersonal, pero socialmente aún celebramos el intelecto como lo máximo.

Prueba de esta hiper-intelectualización que hemos normalizado, la vemos en la educación de los pequeños. Cada vez los exponemos a un mayor número de impulsos desde más jóvenes. ¡Que comiencen a aprender inglés con un año! ¡Que memoricen los números jugando en la andadera! ¡Que sepan usar una tablet antes de dejar el chupete! Pobres niños la verdad, les inculcamos nuestras propias prisas y miedos.

Antes de ser malentendido quisiera hacer una aclaración: el problema no es el intelecto, sino la aceleración excesiva de éste, junto con la percepción de que la mente es la única herramienta que nos ayuda a estar preparados para la vida. Todo eso lleva al desequilibrio interior.

Calmar la lavadora, digo la mente

Todos hemos experimentado la sensación de no poder parar de pensar. Es como estar dentro de una lavadora de ropa que gira y gira. Cuando esto nos sucede por una preocupación puntual, pues bueno, no pasa nada, ya pasará, nada dura para siempre.

Lo preocupante es cuando, por costumbre, pasamos del día a la noche sin poder acallar esas voces internas que crean un agotamiento mental.

Si eres alguien así, te parecerá imposible lo que ahora te diré, pero deja que te lo explique.

Por increíble y paradójico que te parezca, muchas veces, lo más útil a la hora de buscar soluciones a nuestros problemas, es dejar de pensar en ellos.

El pensamiento es parte del problema

Sí, como lo escuchas. Con frecuencia el pensamiento mismo es parte del problema ya que la mayoría de las ideas son repetitivas y obsoletas. Están basadas en experiencias del pasado, limitadas, sutilmente teñidas de temores y apegos, pero con una gran capacidad de complicar nuestro presente.

Cuando ya le hemos dado mentalmente vueltas y vueltas a un problema pero no hemos encontrado la solución, difícilmente lo haremos por seguir pensando más de lo mismo. Solo acabaremos en un callejón sin salida, o mejor dicho, perdidos en un laberinto.

La dificultad radica en que una vez acostumbrados a pensar en exceso, no podemos parar la mente a voluntad, ¿verdad que no?, pero sí la podemos engañar.

dejar de pensar mas de lo mismo

 

 

Cambiar de nivel para callar la mente

Mi experiencia en la meditación y como terapeuta Gestalt me ha demostrado que solo cuando cambiamos de nivel logramos escapar la dictadura mental. Para ello hay varias alternativas. Todas implican un cambio de nivel:

1- Ir a las emociones. En las emociones a veces hay respuestas reveladoras y simples.

Reveladoras porque nos enseñan lo que está oculto. La cadena mente -> emociones-> acciones siempre está unida, y cuando la cabeza no para, puede ser debido a la emoción que hay detrás, aunque esté en segundo o tercer plano.

Y simples, porque lo que la cabeza complica en un bucle eterno, las emociones pueden aclararlo de manera inequívoca en un segundo.

Piensa en las ocasiones en las que has estado indeciso entre dos -o más- opciones. A la cabeza le cuesta decidir. Pero cuando lo miras desde el filtro emocional, la respuesta es mas evidente.

Cuando implicamos a las emociones, el intelecto descansa, al tiempo que la vida, las prioridades y los problemas mismos se ven de una manera diferente.

Pero la verdad es que las emociones pueden darnos miedo. Ya sea por el potencial sufrimiento que encierran o por parecernos incontrolables. No es de extrañar que hay quienes tienes miedo de conectar con ese nivel donde puede haber tristeza, celos, complejos o miedos que evitamos a toda costa.

Otra dificultad que alberga el ámbito emocional, reside en las dificultades para reconocer lo qué se está sintiendo. Ya hay personas que durante tanto tiempo han dado prioridad absoluta al intelecto, sus emociones se han vuelto como un músculo atrofiado que les cuesta sentir, y más aún, mover.

2- Ir al cuerpo. Los que practican deporte o alguna disciplina como el yoga, el tai-chi etc., saben bien que por la actividad se puede bajar la atención de la cabeza y dar un respiro a las neuronas.

El “yo” saturado de pensamientos desaparece cuando se trabaja lo corporal, dejando únicamente activa la concentración mínima para el movimiento. El tiempo se detiene y los beneficios que se obtienen exceden el ámbito corporal para abarcar también la psique.

La ironía es que en ocasiones la mente etiqueta al ejercicio como algo cansino «uf, ahora no me va bien», «no me apetece», «es que va a llover», etc., con lo cual boicotea esta alternativa y se asegura la continuidad del pensamiento desbocado.

3- Usar los sentidos para atender el exterior. Hay mil cosas en las cuales enfocarse para engañar la compulsión del pensamiento: música, lectura, dibujos, hobbies, crucigramas o lo que sea. A nuestra atención le da igual una cosa que la otra, lo que quiere es estar ocupada.

Aquí es cuando el pez tiende a morderse la cola ya que, una parte de nuestra propia mentalidad, sutilmente, nos indica que hay que seguir pensando para poder llegar a controlar una situación o superar un problema. Es como una rueda atascada en el barro que intenta girar más deprisa para salir, pero lo único que consigue es hundirse más profundo.

Lo difícil de desapegarse de los pensamiento y centrarse en algo más, dura solo los primeros minutos ya que, si la determinación de cambiar la atención es constante, el apego se acaba disolviendo.

Lo importante con esta estrategia es estar atentos a reconocer cuando se vuelve a deslizar la atención a la mente compulsiva, para volver a enfocarse en lo externo.

4- Ubicar el problema en el presente. Muchas veces lo que nos hace rumiar las ideas son posibles consecuencias futuras a las cuales tememos. Otras veces, la causa radica en experiencias del pasado que no hemos acabado de dejar atrás, por lo que vuelven al presente.

A la luz del presente y solo de él, normalmente no hay tanto de que ocuparse ni preocuparse, pero quienes sean propensos a la anticipación y a la actividad mental excesiva, siempre podrán justificar su aceleración por la posibilidad de que algo suceda o por un recuerdo revivido.

En la terapia Gestalt ante esta tendencia, llevamos siempre a las personas al famoso “aquí y ahora”. Lo demás date cuenta que son fantasías animadas de un tiempo que no existe.

5.- La meditación. Sin duda alguna el cambio de nivel más radical, ya que promueve una cierta distancia y desapego del contenido mental, de tal forma que éste no nos afecte como lo hace cuando nos identificamos ciegamente con él. Sería como querer ver las nubes pasar a lo lejos, sin preocupaciones o preferencias sobre su devenir. Solo mirando con desapego.

La dificultad de esta alternativa radica en que para la mayoría de personas, aprender a meditar requiere mucha constancia antes de que comience a dar resultados. Además, hay tantas maneras de practicarla y entenderla, que no siempre es fácil encontrar el estilo adecuado para cada carácter.

Aun así, sin duda alguna te recomiendo mucho que pruebes diversas formas de meditación, eso sí, no cuando ya esté desquiciada tu mente , sino antes, practicando cinco minutos cada día.

Ya ves, hay maneras de calmar a la mente para no acabar el día exhausto mentalmente. Estos cambios de nivel no se dominan de la noche al día, pero si se entrenan, como cualquier habilidad, con paciencia y constancia. 

Te aseguro que el bienestar personal estará más equilibrado cuando se piense un poco menos y se viva un poco más.

Si quieres aprender más de este tema, te invito a una charla online gratuita, para que hablemos de este tema, compartiendo opiniones, dificultades y buscando respuestas a las preguntas que surgen. Será el día miércoles 17 de marzo, 2021, a las 7 PM (hora de España). Solo has conectarte usando este link de Zoom (Código de acceso 891029)

 
¡Ahí te espero!

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