El Papel del Otro en la Terapia Gestalt

Necesitamos el reflejo del otro porque somos prisioneros de condicionamientos que difícilmente podemos reconocer por cuenta propia y en cambio sí vemos gracias a la ayuda de los demás.

La vida humana esta llena de graciosas paradojas en ocasiones tan bien creadas que pasan desapercibidas: creemos fielmente cosas que no son ciertas; vivimos con un constante punto de ceguera el cual ni siquiera reconocemos; creemos que somos libres por no estar dentro de una prisión física, pero somos prisioneros de condicionamientos que podemos reconocer más fácilmente con la ayuda del otro.

La vida humana está llena de graciosas paradojas que pasan desapercibidas. Creemos que somos libres por no estar dentro de una prisión física. Vivimos con un constante punto de ceguera y de condicionamientos que la terapia gestalt nos ayuda a ver.

Cuando hablo de condicionamientos me refiero a hábitos automatizados que nos impiden ser libres. Me refiero a hábitos que afectan la forma de pensar, de gestionar las emociones, de definirnos como individuos y, por supuesto, la forma en que plasmamos acciones de todo tipo (laborales, relacionales, afectivas, personales etc).

Las implicaciones son considerables sobre todo cuando se observan desde el prisma de la felicidad, es decir, ¿son mis hábitos generadores de felicidad o infelicidad? ¿Puede ser que yo mismo esté manteniendo, por puro automatismo, acciones y formas de ser que me traen dificultades? Por supuesto que sí y la terapia gestalt lo constata.

 

Ejemplos vistos en las sesiones individuales de terapia gestalt

Una persona a lo largo de su crecimiento aprendió a desconfiar de los demás como una forma de protegerse de un peligro percibido. Dicho peligro actualmente ya no existe. Sin embargo su hábito continua e impregna su pensamiento y acciones, llegando a un punto donde no puede tener a día de hoy una primera aproximación a las personas libre de desconfianza.

Las personas en su entorno lo perciben y se sienten alejados de ella, motivo por el cual la persona confirma su sospecha. Cae en un ciclo negativo en términos de felicidad y crece su sensación de vivir una injusta soledad.

Otro ejemplo, alguien a pesar de ser muy capaz siempre ha sido duro consigo mismo y se ha desvalorado. Tiene la costumbre de no ver las cosas que hace bien y solo reconoce las que no. No sabe darse una palmada en la espalda, ni recibir un feedback positivo. Su relación con la felicidad será más de un anhelo que de una realidad. Está condicionado por su hábito que además le produce insatisfacción en otros sentidos: una negación constante de sus potencial, no bajar nunca la guardia, etc.

 

Lo peligroso de los Condicionamientos

Su peligro es que se han consolidado tan sutilmente que acabamos acostumbrados a ellos hasta el punto de no reconocerlos. A tal punto nos juegan una mala pasada que en ocasiones la historia que nos contamos a nosotros mismos sobre cómo creemos que somos y actuamos, es decir la auto-imagen, está totalmente apartada de la forma en que los condicionamientos inconscientes nos hacen actuar.

Y cuando por fin logramos verlo, nos requiere un esfuerzo reconocerlos y modificarlos.

Los hábitos nos condicionan, nos conducen y limitan pero nos son invisibles.

 

La Mirada del Otro

Por todo lo anterior, para soltar esos lastres de vida es muy útil abrirnos a la mirada ajena. ¿Qué dicen de mi los demás reiteradamente que a mi me cuesta reconocer? ¿Qué me comentan las personas de mi que me sorprende? ¿Ven de mi algo con claridad que yo no registro? Esto implica humildad y valentía.

En los ejemplos mencionados, la persona que desconfía de todos puede que solo logre ser plenamente consciente de ello tras escuchar a varias personas mencionándole, una y otra vez, ese punto ciego. Solo entonces estará más receptiva para iniciar el camino de abrirse a la confianza. En cambio, para el que no ve sus fortalezas y aciertos, abrirse a lo que los otros ven en él (capacidad y valor) le permitirá añadir a su auto-imagen esas cualidades.

Abrirnos al reflejo de los demás nos acerca a una visión más objetiva y realista de cómo actualmente somos. Cuando lo hacemos, vemos el lastre que dificulta una vida satisfactoria. Una de las cosas que la Terapia Gestalt hace es precisamente usar la mirada entrenada del terapeuta para reconocer los hábitos, en las distintas formas en que éstos se manifiestan.

Una vez vistos puede  acompañar con respeto a la persona para que logre reconocerlos y soltarlos. Esto se dice más fácil de lo que se hace ya que es entonces cuando surgen las barreras para justificarse y resistirse al cambio.

 

El primer paso está a tu alcance

Si te apetece dar un paso más en tu desarrollo personal ya sabes lo que puedes hacer. Aprovecha las personas que te rodean para escuchar qué te dicen de ti mismo. Se valiente y atrévete a hacerles caso para liberarte de condicionamientos limitantes.

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La temática de este artículo está relacionada a las sesiones individuales para el desarrollo personal que se ofrecen en Espacio Impulso.

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