Las Comparaciones Son Odiosas Pero Tentadoras

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No te compares. Cada uno tiene su experiencia de vida, sus habilidades y puntos débiles. Compararse es sembrar el camino para sufrir.
Cada uno tiene su experiencia de vida, sus habilidades y puntos débiles. Compararse es sembrar el camino para sufrir. Pero ¿por qué son tan tentadoras y las seguimos haciendo? ¿cómo dejar de compararse?

La comparación es simplemente imposible. Cada uno es como es. El misterio de la vida nos reparte características con una mano y nos las quita con la otra, haciéndonos a todos especiales. Otra cosa es lo que te diga la publicidad y la opinión predominante. Atrapados en su mecánica ¿cómo logra uno dejar de comparase?

Si destacas en algo por encima de la media aprovecha ese don o habilidad. Disfrútalo ¡claro que sí! Pero no dejes que tu ego se dé un baño de gloria a costa de considerar a los demás menos. Eso sólo empobrece tus relaciones y te mantiene atrapado en una ilusión temporal que algún día te despertará de golpe. Entonces, cuando suceda, empezarás a hacerte daño por sentir emociones negativas hacia el que te supere y por sentirte menos valioso que antes.

En cambio, si te consideras menos que los demás te estás haciendo daño a ti mismo en el presente. Te crees demasiado el discurso absurdo de las aparentes jerarquías que hemos creado como sociedad. Si te sientes menos, seguramente no has encontrado tu tesoro interior ni haz hecho las paces con lo que eres. De esta forma la auto-estima se resiste a acompañarte.

 

¿Qué te hace ser valioso?

Tu valía reside en que estás vivo y en que tienes conciencia. Pero ¡date cuenta! no tienes ningún mérito por esto ya que no es fruto de tu voluntad. Si hay una sola cosa por la que sí podrías tener merito, es por esforzarte en tu crecimiento personal, por dedicar energía y tiempo a evolucionar hacia la mejor versión de ti mismo. Aquí sí que interviene tu voluntad. Es algo que haces por ti y sin necesidad de presión externa. En esta «comparación» entre tu yo actual y tu yo del pasado no pintan nada las demás personas.

Solo hay una situación en la que te sirven los demás como referencia, no como comparación, y es cuando te aportan inspiración, siempre y cuando no pierdas de vista que cada uno es único, como una pieza del rompecabezas universal.

 

Aprendizajes Obsoletos al Compararnos

Puede que hayas aprendido a compararte en tu infancia porque es lo que hacían los adultos de tu alrededor. Da igual, ahora puedes soltar los aprendizajes obsoletos antes de que te sigan afectando. No importa si tienes o no determinado posesiones, o si tienes o no ciertas estilo de vida. Nada te hace ser ni menos ni más.

Otro aprendizaje obsoleto queda a la vista cuando las personas constatan que a esta altura de su vida no están donde pensaban que estarían. De jóvenes se imaginaban que a su edad actual tendrían una situación distinta, ya sea personal o profesionalmente hablando.

Esperaban tener una familia feliz, un rumbo vital definido, una situación económica estable. No deja de ser otra forma de comparación, en este caso, con la auto-imagen que uno proyectaba al futuro. La pregunta es ¿en qué se basaron para crear esa expectativa? y ¿acaso la comparación les ayuda a ser felices?

 

La clave está en actualizarse

El ser humano siempre se ha querido sentirse más que su prójimo. Ya sea por tener tres plumas en la cabeza en vez de una, por tener más ganado o más oro. Si lo piensas es absurdo; es una trampa infantil del ego.

El hombre lleva siglos atrapado en esa misma trampa basado en sus sentidos y en el miedo. Si los sentidos le dicen que el otro tiene más que él, eso le da miedo e intenta superarle. Alianzas, trampas, peleas, seducción, incluso sumisión, son algunos de los mecanismos utilizados para llegar a sentir seguridad a pesar de estar junto al vecino.

Al fin y al cabo ya que todos somos especiales y únicos, nadie es en verdad más que el otro.

Desde esta visión competitiva no hay espacio para la autenticidad de tu ser, ni para la naturalidad en la relaciones. Solo hay comparaciones, chismes, susurros a espaldas, además de emociones negativas como celos, envidia e incluso depresión.

Es tiempo de actualizarse. Sí, así como actualizas un programa viejo de tu ordenador o teléfono, has de actualizar el discurso mental que te dices. Al fin y al cabo ya que todos somos especiales y únicos, nadie es en verdad más que el otro. Solo somos distintos.

Y del miedo te diré una cosa, el miedo a ser «poca cosa», a ser efímeros, a nuestra insignificancia en este universo está justificado, porque sí somos una mota de polvo que se la comerá el tiempo. Somos una pequeña (pero no por eso no maravillosa) hormiga en mundo, así que ¿por qué negarlo? ¿por qué auto-engañarnos? En cuanto al miedo a ser superados por los demás, tarde o temprano hasta un emperador poderoso se ve superado y su reino decaído.

 

Círculo Vicioso Irracional

Mientras que le hagas caso al aprendizaje obsoleto estás en un círculo irracional.

Claro que actualizarse no es tan inmediato como apretar un botón y esperar una descarga. Ojalá así fuera. Pero tampoco es un esfuerzo titánico, más bien es un esfuerzo constate guiado por el corazón y la lógica, por el amor y la observación. En el aprendizaje para dejar de compararse, la conciencia juega a tu favor, la voluntad es tu aliada, el auto-conocimiento indispensable, la sinceridad es vital para dejar de jugar al «y yo mas» (o «y yo menos»), así como es indispensable la valentía para verte desnudo de plumas, ganado u oro.

No hablo desde la teoría, hablo desde lo que veo y trato cada semana como terapeuta gestalt. Además, si te soy sincero, durante mucho tiempo me he comparado con los demás. En ocasiones porque me sentía menos (menos capacitado, formado etc.) y en otras porque me creía especial. Ahora te puedo afirmar que al hacerlo NUNCA saqué nada bueno.

Abrazo sincero lleno de mis mejores deseos.

Aldo Barragán Rivara

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