3 Meditaciones A Tu Alcance

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Meditaciones de menos 10 minutos para que puedas hacerlas a diario. Todas te aportan por igual los grandes beneficios de la meditación: estar más centrado, optimista, relajado y conectado con tu interior.

Esta variedad de formas de meditación te permitirá escoger la que mejor se acople a tu personalidad y carácter. Al principio, si lo necesitas, puedes probar los 3 ejercicios para identificar cúal te atrae más. Una vez escogido el más adecuado para ti, practícalo según sus instrucciones. El reto que te proponemos sería hacerlo al menos cinco días a la semana (si pueden ser seguidos mejor) durante un mes, para que al terminar este periodo puedas evaluar los beneficios de la meditación. Concluir que no te sirve el ejercicio antes de dedicar este tiempo mínimo de perseverancia es, a nuestro juicio, incorrecto, pues todas las formas de concentración (necesarias para adentrarse en cualquier meditación) tendrán la tentación de ser abandonadas cuando surjan las distracciones habituales en una mente no acostumbrada a meditar.

Tómatelo como una aventura, una aventura en la cual, sin tener necesidad de resultados ni expectativas, solo te dejas llevar por esas ganas de explorar y de apreciar lo que sea que suceda, ya sea ordinario o no. Solo así le podrás encontrarás el gustito a estos ejercicios que misteriosamente te beneficiarán corporal, emocional y mentalmente.
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Observa tu respiración

En cuatro momentos del día detente durante un minuto (¡solo uno, que fácil!) para observar y sentir tu respiración. No haz de controlarla, ampliarla, visualizarla o imaginarla, solo has de observarla y sentirla, como si observaras algo externo o sintieras algo que acaricia tu cuerpo. Si algún pensamiento, sensación física o percepción de los sentidos atrapa tu atención y pierdes de vista la respiración natural, cuando te des cuenta de esto simplemente vuelve a ella. No te regañes ni te desesperes. Vuelve cuantas veces sea necesario.

Para que estés más cómodo, asegúrate de poner la espalda recta, sin apoyarla, e intenta relajar todo lo posible el cuerpo antes de empezar. El ejercicio se puede hacer sentado o de pie, totalmente inmóvil eso sí, y con los ojos cerrados.

Este es un ejercicio muy sencillo perteneciente a las meditaciones pasivas. Se llaman así pues precisamente no requiere que hagas nada, solo que observes. Cualquier otra cosa que te des cuenta que estés haciendo (moverte, pensar, desear, atender algo externo, etc.) sobra por completo. Vuelve simplemente a sentir tu respiración y la paz que te proporciona cuando la observas con detenimiento surgirá por si sola.

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Conecta con tu Corazón

Se trata de una meditación activa en la cual sí estamos concientemente haciendo algo, pero eso sí, una sola cosa a la vez. El corazón es el asiento simbólico de aquello que sustenta a la mente y al cuerpo, y que comúnmente llamamos el alma, aunque el nombre es lo de menos. En este ejercicio llevamos ahí la atención en dos momentos del día durante unos minutos. Lo primero que harás es comunicarte mentalmente con esa fuente de intuición, amor y guía que llevas dentro, con sinceridad, expresando tus preocupaciones íntimas, tus deseos superiores, los valores que quieres potenciar en ti o simplemente tu agradecimiento, para luego permanecer en silencio conectado al corazón sin esperar nada a cambio.

De alguna manera esta meditación nos permite entregar estos pensamientos a la parte más sabia y profunda de nosotros mismos, para que ésta nos ayude a hacer con ellos lo más adecuado en cada situación y para nuestra evolución.

Si algún pensamiento diverso te cruza y atrapa tu atención, cuando te des cuenta simplemente vuelve a aquello que deseas comunicar a tu corazón y permanece en silencio. Para que estés más cómodo, asegúrate de poner la espalda recta e intenta relajar el cuerpo antes de empezar. El ejercicio se hace con los ojos cerrados.

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Amplia tu Respiración

A media tarde o al finalizar el día, antes o después de la cena, detente durante unos 5- 10 minutos para fomentar un mayor grado de bienestar en tu interior por medio de la respiración consciente.

De nuevo, espalda recta, cuerpo relajado, ojos cerrados. Comienza simplemente reconociendo el ritmo y profundidad naturales de tu respiración, como se explica en el primer ejercicio. Poco a poco y sin prisa, ayuda a prolongar conscientemente la inspiración durante dos segundos extras que añades al final de su recorrido natural. Haz lo mismo con la exhalación, ayúdale a ser un poco más profunda al final metiendo el abdomen hacia adentro. Hazlo con suavidad, respirando lentamente. Verás cómo, en poco tiempo conforme repites el ejercicio habrás llevado la respiración a niveles de profundidad mayores y a ritmos más lentos de lo habitual. Si haces el ejercicio sin forzar, por más profunda que sea la respiración conseguida, será muy placentera; si no lo es, posiblemente es porque estás forzando más allá de tu capacidad o porque tienes prisa en ampliar la respiración, recuerda ¡no tengas prisa en obtener resultados!

Cuando estés cómodo disfrutando de tu respiración ampliada, la mantienes el tiempo que desees y cuando quieras acabar, vuelves a entregar poco a poco el mando de la respiración a tu cuerpo. Recuerda de volver tu atención a la respiración consciente si te das cuenta que estás distraído con cualquier otra cosa.

Esperamos que alguno de estas meditaciones te enganchen y te hagan girar la mirada de lo externo a los tesoros internos que hay en ti. Recuerda que instaurar cualquier hábito en tu vida toma tiempo y perseverancia. Tómatelo como una aventura, es decir, cómo la vida misma.

Si te podemos ayudar en algo relacionado a estos ejercicios, no dudes en contactarnos. Si deseas compartir tus experiencias, también.

FIN

La temática de este artículo está relacionada a los servicios de meditación que se ofrecen en Espacio Impulso.

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